He vuelto a leer ese mensaje. Otra vez. En cuanto lo leí me juré no volver a hacerlo nunca. Me juré incluso que lo guardaría varios días para después borrarlo. Me juré en no pensarlo y en no querer encontrar la razón por la que dijiste todo eso. Me juré pasar del tema a pesar de que hubiese pasado lo que más deseaba. Me juré que iba a seguir mirando hacia adelante como si no hubiese pasado nada. Me juré una y otra vez el no pensarlo, en no pensarte. Me juré no contestarte, me juré a su vez ignorarte. Me juré mostrarme inflexible ante cualquier indicio que mostrases. Me juré dejar de quererte si no conseguía lo que quería. Me juré no cambiar a pesar de cualquier motivo que me llevase a hacerlo. Me juré no ilusionarme ni tampoco obsesionarme. Me juré que no iba a derramar una sola lágrima por nadie. Me juré que no cogería confianza, ni números, ni direcciones. Me juré olvidar cada uno de los paseos por la calle, como también olvidar los motivos por los que hacías que mostrase una sonrisa día a día. Me juré también olvidarte; pero, lo pienso unos segundos y me convenzo de que, ni aún habiéndome jurado antes cosas más sencillas he podido cumplirlas, no cabe duda de que será imposible conseguir cumplir ésta.