Calma en tus sentidos, sentimientos, vivencias.
Calma si podemos considerarlo así; quizás es el momento al que algunos consideran agobio o al que otros simplemente lo dedican a dar un poco más de si e intentar recuperar lo perdido con anterioridad.
Calma a la hora de hablar de tus pensamientos, de que todo sea algo estable, de que todo por fin haya conseguido encontrar un rumbo que seguir. Algo que llevabas tanto tiempo conseguir y que por fin vas viendo que lo consigues, que sólo ha hecho falta cambiar un par de cosas y que todo comience a ser perfecto.
Calma de saber que quizás a partir de ahora el tiempo sea el único que pueda juzgar lo que haces, apreciar lo que tienes y que observes que más adelante, es posible que no tengas. Es posible según lo que tú hagas para que lo sea. Bien puedes escoger conseguir pasar y que todo vuelva a ser como era antes, o intentar cada vez superarte más, superarte a tí mismo, ponerte tus propias metas. Y lo más importante; calma de saber que, al lograr todos esos objetivos, podrás estar más tranquilo.
Calma de poder apreciar cada mínimo instante porque sabes que será lo más valioso, que puedas necesitar ese tiempo que has desperdiciado y no lo has hecho te desquicia; pero lo que realmente importa es saber apreciar esos momentos y que después de lograr nuestras metas, sientes cómo la gratificación de haber logrado por fín tu objetivo recorre cada uno de los espacios de tu cuerpo.