domingo, 5 de marzo de 2017

Llueve

Después de tanto tiempo, no sé cómo volver.
Me da miedo no saber explicarme y me da miedo ahogarme en lo que fui. Ya nada es igual.
Toda la vida estuve pensando que cada uno tenía su meta, y que haría lo imposible hasta conseguirla. Y yo, me he dado cuenta de que no tengo ninguna. De que mi vida está vacía de ilusión, vacía de ganas de vivir, que ya no soy como antes.
No escucho música, no me gusta arreglarme el pelo, no me gusta salir y me da miedo no saber con qué vestir ya que nunca me gusta qué llevo ni cómo sienta. Tampoco me gusta hacerme una foto antes de salir y enviártela, porque no voy a obtener respuesta. Ni suelo pasarme horas al teléfono contando las cosas maravillosas que me han pasado, porque tampoco me llamas. Es todo mecánico, habitual, rutina... Y yo sólo quiero huir.
De aquí, de los recuerdos, de la buena vida que yo creía que no era feliz y de la que me he dado cuenta que echo de menos cada segundo. De por qué no me encuentro bien con nada de lo que lleve puesto. De por qué no tengo hambre y de por qué sentir que no valgo para nada.
Sentir que estorbas, que no es tu sitio y que nunca lo va a ser. De llevar toda la vida en un mismo sitio pero extrañar los rincones de los últimos dos años.
De haber aprendido a vivir y ahora no saber cómo hacerlo.
Luego, estás tú.
Yo que creía que me sabías querer. Que de verdad me querías, pero hay veces que los kilómetros no sólo te hacen dudar, sino que te hacen abrir los ojos. Hay veces que llegas a un punto en el que no esperas nada, en que es un "a ver quién da menos", y en que lloras después de haber intentado sacarlo a flote y ver que en vez de ser 50-50, es un 100 y todo lo das tú. Ni llamadas, ni preguntas, ni hablar del mal tiempo que ha hecho hoy por donde yo estoy o por donde tú estás. Y hoy, tampoco despedidas. Ya ni un adiós parece importa(r/n)te.
Por mucho que nos queramos es necesario saber ver que no te van a esperar, saber ver que no importas y que dará igual lo que hagas porque ya está todo vacío. Donde ya no hay nada sólo restos de lo que fue.
Sigo creyendo que en algún momento la vida nos volverá a unir, para seguir en el maravilloso mundo que habíamos creado, donde yo había aprendido a diferenciar lo importante en mi vida y a luchar por lo que en verdad quería. Y me di cuenta que ni he llegado a dar la talla y de que soy prescindible. Para ti, para mi alrededor, para mí misma.
Me encantaría pensar con ilusión que nos veremos pronto y que todo va a arreglarse, pero la realidad dicta que no habrá ni once ni ningún billete de vuelta. Habrá sólo uno, de ida, y será el tuyo; que me deja vacía y sin ganas de vivir, porque ni la ilusión ni las ganas de hacer algo en la vida están presentes. Y sabes que han desaparecido cuando, por mucho que te esfuerzas, no ves la luz acercarse, sino que se va alejando mientras te hundes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario