Hay días y días. Algunos que empiezan mal y acaban mal y otros, por el contrario, llegan para sorprenderte. Para cambiar, por mucho pie izquierdo que hayas tenido al levantarte. Son horas de terminar el día e igual que se pudo dar mal, se ha dado bien. Aunque escaseen, no está de más alegrarse por ellos.
El Sol empieza a salir y deja de llover.
Se apartan las dudas.
Te sientes un poco más útil, más querida.
Que no todo está tan gris y que empiezan a verse los claros.
Que no hay ningún billete comprado pero sí una hucha donde ahorrar para él.
Y qué capacidad de ver las cosas con el punto negativo. Supongo que otras virtudes tendré...
Pero hoy es diferente. Dejemos pasar esas nubes y demos paso al Sol, hay días que deben ser malos para que días como hoy brillen, o empiecen a abrirse hueco entre los feos nubarrones para brillar al final.
Si no hay actitud positiva no podremos ver todo lo positivo que haya, por muy claro que esté el día nunca lo veremos sin nubes. Y todo es cuestión de actitud.
Demosle tiempo al tiempo, que brote de nuevo la ilusión.
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